Presentación

En los últimos años hemos podido comprobar cómo, al tiempo que se consolidaban las nuevas titulaciones de Historia del Arte y de Bellas Artes, los museos y centros desarrollaban distintas metodologías en su trabajo de investigación sobre la creación contemporánea. Tanto en el ámbito universitario como en el de las instituciones culturales, esa diversidad conceptual y metodológica ha derivado en investigaciones muy diversas (académicas o en forma de exposiciones) y en maneras de configurar las colecciones igualmente variadas. Tal vez faltó una reflexión en profundidad sobre los criterios y métodos con los que escribir (organizar) los nuevos relatos sobre el arte del presente, así como sobre la capacidad real de interlocución entre museos y universidad. ¿Están los nuevos conceptos y paradigmas críticos replanteando realmente la manera en que los museos desarrollan su trabajo?

Pasaron ya los años en los que lo “urgente” era actualizar las instituciones del saber (universidad y museos), acercándose a la creación más contemporánea. Esto se hizo, muchas veces, asumiendo criterios y valores heredados y no sometiéndolos a una evaluación crítica. En los últimos años estamos viendo, sin embargo, cómo se están poniendo en tela de juicio las clasificaciones y los conceptos clave de la crítica y la historia del arte, desvelando los defectos de los relatos y proponiendo otros nuevos. En el seminario “Nuevas narrativas en la historia del arte contemporáneo” queremos proponer una reflexión ambiciosa en torno a los objetos y los métodos de estudio de la historia del arte, centrando los análisis en la creación realizada en el último siglo. Creemos necesaria esta reflexión porque tanto los relatos de la historia como las prácticas institucionales, o incluso el concepto de patrimonio, se ven afectados por las coordenadas y la perspectiva de quien estudia el mundo de la cultura.

Nociones antes consideradas clave en la evaluación de las obras de arte se están viendo afectadas por la teoría crítica y los nuevos procesos de creación colectivos. Proponemos la realización de este seminario para abordar algunas de estas cuestiones, que están provocando en los últimos años una reorientación y proliferación de estudios que abordan el fenómeno de la “obra de arte” desde otros puntos de vista.

1. La democratización en el acceso y en la capacidad de producción de imágenes ponen sobre la mesa una cuestión de índole política: ¿quién tiene el poder para seleccionar las producciones culturales y bajo qué criterios? Los métodos de la historia y la crítica de arte que se asentaron en el siglo XX mantuvieron la necesidad de evaluación de los expertos sobre la “calidad”. Pero estos métodos se personifican en figuras, se condensan en instituciones y políticas culturales que desde el inicio se vieron afectadas por intereses de tipo político o económico. La crítica institucional viene apuntando a esta cuestión desde los años setenta. Los nuevos modelos teóricos del cambio de milenio, impregnados por el pensamiento altermundista y antihegemónico, defienden la posibilidad de otras formas de construir los relatos y las instituciones culturales, aceptando el trabajo en red y colaborativo como punto de partida.

2. En relación con esto último: ¿cómo están respondiendo las instituciones a esa revolución silenciosa que está transformando las sociedades desde los años setenta desde el feminismo y las teorías de género? ¿Está recogiendo el trabajo de historiadores del arte, de la literatura, o de la cultura esta reformulación en la consideración del papel de la mujer como agente cultural? ¿Se está haciendo un estudio detallado de la asignación de los roles de género y la imposición social de estos sobre las subjetividades, con derivaciones evidentes en el campo de la producción cultural? Queremos analizar la repercusión de las nuevas propuestas teóricas en relación con el género en la práctica expositiva, en la construcción de colecciones de arte y en la crítica de arte.

3. La crítica decolonial acentúa esta duda sobre los paradigmas de centro y periferia en los estudios de las culturas y su transmisión. Por encima de las viejas concepciones universalistas, la geopolítica demostró un poder efectivo que conformó los relatos y discursos sobre el arte, así como las grandes colecciones. No hay que olvidar que los primeros museos nacen en la Europa de la Ilustración a partir de la idea de que el gran arte comienza en la antigua Grecia, y que esta va a ser el modelo que luego recogerán los países occidentales, donde cualquier tipo de mezcla y contaminación con otras formas va a ser percibida como “impureza” que devalúa el valor estético. Los estudios decoloniales hicieron ver la correspondencia entre las relaciones de poder y la transmisión de formas culturales hegemónicas, problematizando la idea de asimilación cultural: las relaciones entre centro y periferia deben ser revisadas, considerando las tensiones en los contactos y destacando las estrategias de adaptación y “escamoteo” que en muchos casos transforman la pureza de las formas transmitidas desde la metrópoli en función de los intereses y hábitos de las culturas vernáculas.